Son miles los sonidos que invaden a la ciudad a diario. La cotidianidad nos abruma con los cornetazos de un tráfico estridente, mientras el Ávila nos deslumbra con su belleza. Ser caraqueño es darse cuenta que nuestras diferencias se hacen pequeñas cuando ofrecemos nuestra solidaridad a manos llenas.
sonidos de la ciudad
ser caraqueño
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